Proceso

 

El punto de partida es siempre lo que me rodea. Objetos varios y madera integran la parte acotada de mundo exterior que —empatía mediante—  genera mi deseo de intervenir, de hacer otra cosa con ello.

Armar y desarmar, cortar o añadir. Ensamblar e invertir. Volver a quitar. Esto así dicho, constituye mi mundo de trabajo.

Comienzo con el armado del soporte, que es, en lo que hago, el elemento constructivo por excelencia. Conlleva un tiempo de realización que casi siempre —tengo la impresión— se interpone, o demora lo que estoy trabajando. Obliga a crecer hacia adentro y no perder ocasión de ajustar el rumbo. Es significativa la injerencia cada vez mayor que ha ido teniendo esta interacción con el material. También la instancia de la factura final, es parte sustancial.

Una vez cumplida esta primera etapa tercia el color —hasta aquí sólo un
pálpito—, que determina el curso que sigue. Habilita otro nivel de resolución y también lo complejiza todo. Ahí el proceso.

Cuando trabajo, no violo las leyes físicas en las que está inscripto mi cuerpo, pero confronto ahí, en ese mismo lugar. Se trata de actuar, decidir con autonomía en un plano que ha devenido o decantado equivalente, y en potencia superador de aquél. Un escenario en el que es posible arribar a leyes necesariamente ajenas a cualquier otro ámbito. Ese es el desafío, y la necesidad.

Julio de 2015